sábado, 6 de marzo de 2010

199.- "No puedes vencer a alguien que no se rinde"

Autor: Babe Ruth. Superar: vencer obstáculos o dificultades. Impecable cualidad del ser humano y, aparentemente, sencilla de ejecutar. Ves un obstáculo, te acercas, saltas y lo salvas. De ahí a por el siguiente, y, así, hasta la meta. Tan fácil como esto, pero tan difícil, cuando se intenta poner en práctica, que para algunos se convierte en una constante sucesión de imposibles.

Todos conocemos alguna historia de personas que más allá de los límites que establecieron para ellos los demás -los demás, que no ellos-, fueron capaces de llegar con éxito hasta el lugar al que exactamente pretendían. Su afán de superación pudo con todo y si una persona convencida de alcanzar una meta, no se rinde jamás, prescindiendo de cuánta voluntad o esfuerzo haya de emplear para conseguir lo que se propone, lo conseguirá.

Hay que ser fuerte, eso sí. Para esperar, sin desesperar. Para combatir, incluso, sin esperanza. Para no dudar nunca. Para ser capaz de ver en mitad de la obscuridad más absoluta. Para caminar sin que el camino avance. Para sufrir sin queja. Para querer mejorar siempre, sin creerse nunca el mejor. Para estar dispuesto a dar más que los demás y, todo ello y por supuesto, en un periodo prolongado de tiempo en el que nada, aparentemente, establezca que lo que perseguimos está más cerca o más lejos ¿Quién puede resistir algo así?,  solo los que finalmente lo logran.

Jason McElwain era un joven de 17 años que hacía de "chico para todo" en el equipo de baloncesto del Greece Athena High School del estado de Nueva York.

McElwain, autista de nacimiento, sentía y siente verdadera pasión por el baloncesto. Por ello, y con el afán de ayudarle, su entrenador le aceptó en el equipo a pesar de no haber sido seleccionado en las pruebas previas por su baja estatura (1,70m). Eso sí, nunca le engañó y le dejó bien claro que sería muy difícil que algún día jugara un partido. Jason ejercía de utillero o ayudante. Se encargaba de todo; apuntaba estadísticas, repartía agua, apoyaba en los entrenamientos, recogía las actas... Pero su pasión por el juego hacía que cuando todo el mundo se iba a casa, él se quedara solo entrenando por su cuenta y lanzando a canasta durante horas.

¿Queréis saber cómo acaba esta historia verdad?

Se jugaba el último partido de la temporada en casa de los Greece Athena y el equipo ganaba con facilidad. El entrenador de Jason había premiado su esfuerzo y dedicación inscribiéndole en el acta y dejándole en el banquillo. Aunque en principio no tenía intención de que el chico jugara ni un minuto, decidió aceptar la petición de la grada que coreaba el nombre del pequeño jugador.

Jason entró en el partido y falló los dos primeros tiros, pero a partir de ahí no falló ni uno más. De hecho, en apenas 4 minutos anotó 20 puntos con seis triples; el récord en la historia del instituto. La hazaña fue grabada desde las gradas por un estudiante que envió la secuencia a las grandes cadenas de televisión. Hoy se habla, incluso, de que harán una película sobre la pequeña gran gesta de un chaval que no se rindió nunca, a pesar de sus limitaciones y al que la vida regaló una oportunidad cuando parecía que no había espacio para ello. A cuatro minutos del final de la temporada. A cuatro minutos del final de su sueño.

Reflexión final: la superación no consiste en ganar siempre. Es más, si piensas llegar al éxito, no te olvides que el nombre de tu mejor aliado para lograrlo es… fracaso.

*Os dejo, pinchando sobre la frase, el enlace a Youtube en el que se ve la noticia contada en la CNN.

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