domingo, 21 de marzo de 2010

214.- “Hay quienes se consideran perfectos, pero es sólo porque exigen menos de sí mismos”

Autor: Hermann Hesse. A veces nos atormentamos por nuestros defectos sin llegar a asumir aquello tan gastado, pero a la vez tan apropiado, de que nadie es perfecto.

Repasa mentalmente tu lista de amigos y conocidos y trata de localizar a alguien que verdaderamente lo sea, perfecto digo. Alguien sin defectos.

Si lo has encontrado, enhorabuena, porque es difícil dar con alguna persona que posea todas las virtudes y que, en la práctica, actúe siempre de forma correcta, certera y sin fallo. Que sea coherente, no traicionando jamás lo que piensa. Con un desempeño que responda siempre a sus ideales. Que se muestre cortés en todo momento, sin bajar jamás la guardia y que permanezca inalterable siempre y de forma independiente a las situaciones desfavorables o afortunadas que le toquen vivir. Sabio aprovechador del tiempo, de aprender continuo, incapaz de perder la calma y enfadarse. Sin espacio para el orgullo, la soberbia o la vanidad. Trabajador dedicado, leal y honesto, amante amoroso, estupendo amigo… ¡Uf!, si lo conoces, cómprale un altar porque su sitio es un pedestal.
No digo que no existan personas cercanas al ideal de perfección, pero creo que algo falla cuando todo funciona tan idílicamente en alguien, que sea incapaz de equivocarse, de cuando en cuando, de fracasar a veces, de no incurrir en algún desatino y mostrarse con ello vulnerable, imperfecto, incompleto, desacertado… humano.

La conclusión que extraigo -puede que equivocada-, es que tal vez quienes son así no están exprimiendo todo su potencial de vida, moviéndose siempre por terrenos seguros y alejando, de esa forma, cualquier posibilidad de error.

Citando a José Ortega y Gasset diríamos: ¿Qué perfección es ésta que complace y no subyuga, que admira y no arrastra? Una persona perfecta y sin defectos es, desde luego admirable, pero yo espero encontrar en los demás, no sé tú, emociones que no siempre se puedan controlar. Espero que el currículo de toda persona pueda tener unas cuantas pasiones arrebatadas, unas muchas alegrías desaforadas y también unos pocos quebrantos y llantos sin remedio. Desasosiegos, dudas y hasta enojos... y, por supuesto, errores. Me da la impresión de que la gente así está más preparada para vivir.

Reflexión final: tenemos defectos si, ¿y qué? Los humanos somos, en esencia, defectuosos y lo que resulta más admirable en nosotros y en nuestro comportamiento son las ganas de progresar para serlo menos.

*Pinchando sobre la frase la escena final de "Some Like It Hot" ("Con faldas y a lo loco" ).

Periódico diario