lunes, 29 de marzo de 2010

222.- “A veces en la vida hay que saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanza”

Autor: Alessandro Pertini. Siempre me ha fascinado la historia que traigo hoy al blog y que podemos encontrar dentro de la película “Cinema Paradiso”.

Interprétala en la clave que consideres. Reflexiona sobre ella y saca tus propias conclusiones. Intenta comprender las razones que impulsan al protagonista de la historia a comportarse así, y plantéate qué piensas al respecto. Luego hablamos.

“Te voy a contar una cosa: Una vez un rey dio una fiesta. Invitó a las princesas más bellas del reino.

Un soldado de la guardia vio pasar a la hija del rey. Era la más bella de todas. Él se enamoró enseguida pero, ¿Qué podía hacer un pobre soldado ante la hija del Rey?

Finalmente un día consiguió encontrarla, y le dijo que no podía vivir más sin ella. La princesa se quedó tan impresionada por ese fuerte sentimiento que le respondió al soldado: “Si sabes esperar cien días y cien noches bajo mi balcón, entonces yo seré tuya”.

¡Caramba!. El soldado fue allí y esperó un día, dos, diez días, veinte días. Todas las noches ella lo controlaba por la ventana. Él no salía de allí. Con lluvia, viento o nieve el continuaba allí… Los pajaritos le cagaban encima, las abejas se lo comían vivo, pero él no se movía.

Después de noventa noches él estaba transformado. Había adelgazado mucho y estaba pálido, le caían lágrimas de los ojos y no podía contenerlas, porque ya no le quedaban fuerzas ni para dormir… y la princesa continuaba mirándole.

Cuando llegó la noche noventa y nueve, el soldado se levantó, agarró la silla y se fue.

- ¿Pero cómo?, ¿Al final?

- Sí. Casi al final de todo, Totó. Y no me preguntes el significado, ¡yo no lo sé! Si lo entendiste, explícamelo tú…”

Fascinante. Yo creo que nadie que te obligue a hacer un sacrificio extremo para obtener a cambio su amor, lo merece. Nadie que sea capaz de permanecer impasible mientras te deshaces y te desmoronas y que no se compadece o corre a tu lado para darte el auxilio o el consuelo necesarios, merece ni un solo pensamiento de amor.

El valiente soldado se probó que podía superar el reto y ganó el combate contra sí mismo y, de paso, demostró con una lección que nunca olvidaría a la indolente princesa, que a partir de ahí y por muchos más que conociera, ninguno de los hombres de su vida llegaría jamás a acercarse a su valor, a su coraje, a su determinación, a su humildad y a la fortaleza de su corazón; un corazón capaz de amar probablemente más que ningún otro.

Reflexión final: “El verdadero combate empieza cuando uno debe luchar contra una parte de sí mismo. Pero uno sólo se convierte en un hombre cuando supera estos combates.” (André Malraux)

*Pinchando sobre la frase, la escena original en “Cinema Paradiso.”

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