miércoles, 1 de junio de 2011

498.- "Es mejor ser odiado por lo que eres, que ser amado por lo que no eres"

Autor: André Gide La Marca Personal (en inglés Personal Branding) es un concepto de desarrollo individual consistente en considerarse a uno mismo como una marca que, al igual que las marcas comerciales, debe ser elaborada, transmitida y protegida con ánimo de diferenciarse y con ello conseguir el mayor éxito en la relaciones sociales y profesionales.

El valor de una marca es un bien material intangible, pero que es posible cuantificar económicamente. La reputación, el reconocimiento, la calidad, la confianza y la lealtad de los consumidores, son factores que contribuyen a que una marca posea una cotización determinada.

En el caso que nos ocupa, se trataría de abordar un proceso similar con cada uno de nosotros. Es decir, crear la marca “Yo mismo”, y aportarle un contenido que incremente nuestro valor ante los demás. ¿Cómo?, obviamente no se trata solo de la apariencia externa, sino, y sobre todo, de potenciar aquello que nos hace diferentes y que nos aleja del estereotipo más o menos instituido.


Tendemos a ser uniformes y a confundirnos con el paisaje como la mejor y más rápida manera de ser aceptados, y, de esa forma, nos convertimos en un “producto” del que hay excesiva oferta en el mercado con el peligro cierto de pasar por completo desapercibidos.

Es triste insistir en ello, porque ya deberíamos tenerlo interiorizado, pero somos únicos e irrepetibles. Con defectos (múltiples, si se quiere), pero también con virtudes exclusivas. Somos, por naturaleza y definición, singulares y lo que nos hace más fuertes siempre es lo que nos distingue y no lo que nos asemeja a los demás. El problema tal vez es que somos temerosos de lo que nos hace diferentes, cuando lo que deberíamos temer es lo que nos hace intercambiables.

Si seguimos con la metáfora del “hipermercado virtual”, seremos escogidos frente a otros por nuestras cualidades, nuestro sabor, nuestro precio, nuestra utilidad, nuestro diseño o, incluso, por lo que podamos sugerir a modo de promesa.

Tenemos que ser capaces de satisfacer a “nuestros clientes”: el resto del mundo, y para ello deberemos definir lo que somos, potenciar nuestras virtudes, disimular nuestras carencias, y todo ello sin dejar de ser jamás auténticos. Eso sí, primero y fundamental para todo lo demás, será saber quiénes somos en realidad una vez despojadas las capas artificiales superpuestas aposta para no desentonar del resto.

Reflexión final: “Nadie es como otro. Ni mejor ni peor. Es otro. Y si dos están de acuerdo es por un malentendido.” (Jean Paul Sartre)

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